Pedagogía social Latinoamericana
La diversidad educativa, formativa y socioeducativa vivo en Latinoamérica, y en El Mundo, suponen una tolerancia académica y comunitaria a los nuevos desafíos sociales dentro de las lógicas. En el naciente camino, existe una apuesta popular de Colombia por la Educación, tal y como ha tenido reflejado en la Cumbre de las Américas donde el presidente Santos propuso un sistema interamericano de Educación (2015), y en los fortalecimientos de programas de reforma de salida educativa, las Personas con mayores situaciones de vulnerabilidad, temor y violación del derecho y carestía.
Actualmente, interiormente de los cambios emergentes que el Estado asume y representa para la junta latinoamericana en el mundo, la Educación se convierte en una necesidad, una respuesta y una representación decisiva en las dinámicas de casa y reconstrucción de ciudadanía, igualdad, paz, honestidad y fortuna social en un ateneo de extirpación que aspira al próximo y esperado postconflicto (Gobierno de Colombia, 2015), entre otras necesidades y fenómenos de aumento social. Para ello, Colombia se encuentra con el gran reto –como otros países latinoamericanos–, de robustecer académicamente la Pedagogía social; así como de la profesionalización de la respuesta socioeducativa, que pasa por el sazón de las carreras de cuadrilla socioeducativo desde el símbolo pedagógico y no principalmente asistencial, socio- forense o psicológico.
Se está en correspondencia con Vélez de Calle (2010, p.46), cuando manifiesta que: La pedagogía, por su verso retrógrado y tradicionalista, en cuanto a su clase de irradiación de conocimientos validados, no ha sido muy susceptible a cambios ni ha delicioso la diámetro teórica y metodológica de sus prácticas.
Por otro lado muchas de las formalidades que reclaman para sí mismas la pedagogía social y la instrucción social emergen de lo que con insistencia hemos venido relacionando con la obra de sus señas de identificación como disciplina, lección y ministerio, es decir, en lo que una y otra encarnan como la teoría y la práctica, entre la virilidad y la acción. En este sentido, es corriente que la primera rastreo de respuestas acerca de la organismo e ficha teórico-rutina de la pedagogía social y, en todas sus prolongaciones, de la entrenamiento social, coinciden en analizar en lo que convergen y en lo que se diferencian: la entrenamiento social como una experiencia educativa, una profesión y, en los últimos años, una titulación universitaria; la pedagogía social como un saber que tiene por impacto formal, ajuar y abstracto, la adiestramiento social. Tres dimensiones —la científica, la académica y la profesional— que argumentamos sintéticamente:
a) La primera pone vigor en los nociones epistemológicos, teóricos y metodológicos, articulando su "estatuto" de cientificidad en la Pedagogía, las ciencias de la educación y las ciencias sociales. En todo caso, acepta que la amonestación y los saberes que procura adoptan múltiples formas y estructuras, y que resulta espinoso explicar sus límites internos y externos; unas fronteras, cada vez más difusas, que de ningún modo podrán trazarse sin desembrollar el tránsito entre el memorizar y el letras, el efecto y el método, las tradiciones de la memoria o la filosofía de la conferencia y las del apreciación pedagógico.
b) La segunda observa la pedagogía social como una disciplina académica, integrada curricularmente en planes de estudio, con una trayectoria intelectual, institucional y social consolidada a través de distintos procesos formativos (grados, posgrados y doctorados), con contenidos teórico-prácticos que habilitan diversos itinerarios académicos. La importancia de quien enseña y/o aprende, como profesores y alumnos, advierte sobre dos peculiaridades de la pedagogía-educación social (Parcerisa, 1999: 43-44): de un lado, que "el aprendizaje conceptual ocupa un lugar menos relevante que el de los aprendizajes procedimentales o de habilidades, y que el de los aprendizajes de valores y actitudes"; de otro, que ha de darse prioridad a "los aprendizajes directamente relacionados con la vida cotidiana, con las relaciones sociales y, en definitiva, con elementos que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida y la participación social".
c) La tercera informa los perfiles profesionales de la pedagogía-educación social, trasladando su "saber hacer" a distintas —y cambiantes— áreas o ámbitos de la acción-intervención social. Al hacerlo se habilita una práctica profesional para la que capacita y acredita la formación recibida, con los principios éticos y los códigos deontológicos que se están dando a sí mismos sus profesionales, con una visión compleja y holística de los problemas socioeducativos y de sus soluciones (Ortega et al., 2013).
La Pedagogía Social es más extensa y abarcadora que la Pedagogía escolar y no por el hecho de enfocarse a la educación informal debe perder intencionalidad.
En diversos países se ofrece la licenciatura en Pedagogía social, de la que egresan pedagogos sociales y por otra parte existen estudios técnicos sobre educación social, de donde egresan educadores sociales. Como se puede apreciar es clara la diferencia entre pedagogos y educadores sociales y está referida al nivel de preparación y el grado que corresponde a cada uno.
Son numerosas las áreas socioeducativas en que se puede hacer presente la Pedagogía Social: educación para adultos, alfabetización, educación para desempleados, educación para minorías étnicas, formación en el mundo del trabajo, animación sociocultural (fiestas populares, ferias, etc.), educación para el tiempo libre, para inadaptación social, educación ambiental, cívica, para la salud, familiar, especial, artística, física, de ancianos, en el ámbito de las toxicomanías, en la sexualidad, la tecnología, etc.
En conclusión el objetivo general de la Pedagogía Social vendría siendo la modificación positiva de la sociedad, tocando las diversas esferas: intelectual, afectiva y conductual, todas ellas dentro de un marco ético. Los contenidos, desde esta ciencia, deben ser flexibles, las actividades atractivas y engarzadas a los propios intereses de los educandos, la metodología innovadora y participativa.
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